|
DETECCIÓN Y SÍNTOMAS
Los síntomas del cáncer de pulmón no suelen
aparecer en los primeros estadios sino que surgen cuando ya se ha
extendido demasiado como para aumentar las probabilidades de curación.
De hecho, desde que se produce la primera célula maligna
hasta que una persona consulta por primera vez al médico
ante los síntomas de la enfermedad pueden pasar entre diez
y veinte años.
Entre los síntomas más frecuentes
están:
- Tos insistente.
- Dolor en el pecho que aumenta al respirar.
- Pérdida de peso y apetito.
- Falta de aliento.
- Respiración jadeante o con silbido.
- Esputos con sangre o coloración rojiza (flemas).
- Bronquitis y neumonía frecuentes.
Otros síntomas que puede manifestar
el paciente y que son debidos a la extensión del cáncer
en otras zonas del cuerpo son:
- Dolor en los huesos.
- Coloración amarillenta de la piel y de los ojos (ictericia).
- Inflamaciones en zonas ganglionares, como en el cuello o axilas.
- Mareos, debilidad o adormecimiento de algún miembro debido
a una afectación neuronal.
A menudo los pacientes con cáncer de pulmón sufre
síntomas iniciales que repercuten sobre otros órganos
y que hace que, en un principio, se piense en otra enfermedad. A
este conjunto de síntomas se les denomina síndromes
paraneoplásicos y comprenden los siguientes estados:
- Niveles bajos de sodio en sangre producen síntomas como
cansancio, pérdida de apetito, debilidad muscular o calambres,
náuseas, vómitos, inquietud y confusión.
- Hay una producción excesiva de sustancias que hacen que
se produzcan coágulos, esto puede dar lugar a patologías
importantes al obstruir venas pulmonares o cerebrales, por ejemplo.
- Un aumento del calcio en sangre produce mayor frecuencia urinaria,
estreñimiento, debilidad, confusión y mareos.
|