| TRATAMIENTOS CONTRA
EL CÁNCER: CIRUGÍA, RADIOTERAPIA, QUIMIOTERAPIA Y TRANSPLANTE DE
MÉDULA La cirugía es
el método más empleado para aquellos tumores pequeños y localizados
en un lugar concreto. Para que sea completamente eficaz se precisa extirpar parte
del tejido que rodea el tumor para asegurar así que todas las células
cancerosas han sido extirpadas. Si el cáncer se ha extendido a
otras zonas, a través de la sangre o de la linfa, habrá que realizar
otros tratamientos, bien sean añadidos a la cirugía o únicos
y distintos a ella. La radioterapia
utiliza partículas de alta energía capaces de penetrar al cuerpo.
A través de una máquina, llamada acelerador lineal, se genera y
dirigen esas partículas hacia el lugar concreto donde se tengan que aplicar.
Las demás zonas del cuerpo se protegen para no recibir la radiación.
La radioterapia utiliza partículas similares a los rayos X, que se
utilizan para hacer una radiografía normal, lo que ocurre es que en éstas
últimas, la cantidad suministrada es muy pequeña. Las células
cancerosas son especialmente sensibles a la radiación. El patólogo
es quien decide la zona exacta donde suministrar los rayos. La zona exacta del
tumor se habrá localizado a través de pruebas diagnósticas
como radiografías, biopsias, etc. La radioterapia puede utilizarse
como tratamiento único en aquellos casos en que los tumores sean especialmente
sensibles a la radiación y no haya señales de que se haya extendido
hacia ningún otro lugar. Puede emplearse como tratamiento supletorio
a la cirugía, para aplicarlo previamente a ésta, y disminuir así
el tamaño del tumor y que sea más fácil su extirpación.
El tratamiento conjunto de radioterapia y quimioterapia se utiliza también
con frecuencia. A veces, el empleo de quimioterapia antes de la radioterapia hace
a las células cancerosas más sensibles a la radiación. Otras
se emplea la radioterapia después de la quimioterapia para asegurar la
eliminación de todas las células cancerosas. El paciente
tendrá que ir, de forma ambulatoria, a la clínica u hospital donde
le administren la radioterapia. La duración de cada sesión son unos
veinte minutos. El enfermo estará solo en una sala aislada para que las
radiaciones no se propaguen. Las zonas donde se tiene que aplicar la radioterapia
estarán marcadas y las demás se protegerán de la radiación.
Después de la sesión, el paciente podrá marcharse a su casa.La
quimioterapia consiste en el empleo de medicinas para tratar el cáncer.
Son medicamentos cuya función es eliminar, dañar o retrasar el crecimiento
de las células cancerosas. El principal problema que produce este
tratamiento viene derivado de que las células cancerosas no son agentes
o cuerpos extraños al organismo sino que son parecidas a las células
que las rodean. Esto hace que los fármacos, que actúan sobre todo
contra las células del cáncer, tengan también efectos sobre
las células normales.
* GRÁFICO INTERACTIVO:
Radioactividad contra el cáncer La
quimioterapia
actúa sobre las células que se dividen con gran rapidez, que es
lo que suelen hacer las cancerosas. Pero también existen otras células,
que no son cancerosas y que también se dividen de forma rápida.
Algunos medicamentos quimioterápicos actúan interrumpiendo la fase
donde la célula cancerosa se divide y esto hace que el tiempo de crecimiento
sea mayor y que la célula muera. Otros medicamentos intervienen
en todas las fases de la célula. Como las células cancerosas son
más frágiles que las normales, resultan más afectadas que
las normales, por lo que la acción de los medicamentos recae sobre todo
en ellas. Otros fármacos cambian las condiciones externas del
organismo para que les sean desfavorables a esas células. Éste sería
el caso de las hormonas que pueden bloquear la acción de determinadas sustancias
y con ello no favorecer el crecimiento de las células malignas.
En los últimos años, se están empleando combinaciones de
quimioterápicos porque se ha comprobado que su acción conjunta es
más eficaz para destruir el cáncer. Se suelen combinar
medicamentos anticancerígenos con modos de acción distintos y capacidad
para producir efectos diferentes. Hay tratamientos que contienen un medicamento
que interviene en una fase de la célula, otro que interviene en otra fase
y una hormona que cambia las condiciones externas a las células.
Estas combinaciones pretenden ser más eficaces sobre las células
cancerosas y menos dañinas para las células normales. Los
medicamentos quimioterápicos pueden administrarse de diferentes formas:
a través de un comprimido por vía oral; mediante un suero o inyección
intravenosa; por inyección intramuscular o mediante una inyección
a través de una punción en la médula ósea.
Efectos secundarios de la quimioterapia
Cualquier medicamento puede producir efectos secundarios no deseables debido a
su acción sobre el organismo. Los medicamentos quimioterápicos
al actuar sobre células que se dividen con frecuencia, las células
cancerosas lo hacen, también pueden actuar sobre aquellas células
normales que también se dividen con frecuencia. Estas células son
por ejemplo, las células de la médula ósea (donde se fabrican
las células sanguíneas) y las membranas mucosas del conducto gastrointestinal.
Los folículos pilosos también se dividen con frecuencia y son sensibles
a algunos medicamentos de quimioterapia. Por este motivo, algunos de
estos fármacos producen náuseas, vómitos, diarrea, llagas
en la boca. Otros dan lugar a una pérdida temporal del cabello. La médula
queda temporalmente perjudicada en su función de producir células
sanguíneas. Por esto es más fácil que se produzcan infecciones,
pues el número de leucocitos es inferior, o que se produzca cansancio o
anemia, ya que el número de hematíes también puede disminuir.
Al ser medicamentos muy fuertes, los efectos secundarios también lo
son. Debido a sus efectos secundarios, la quimioterapia se administra en forma
de ciclos, durante un período de tiempo se administran los medicamentos
y seguidamente se deja un período de descanso. Este período
de descanso se utiliza para que se produzca una recuperación hematológica
ya que, como hemos dicho antes, estos medicamentos producen efectos sobre las
células cancerosas y sobre otras, que no lo son. Los efectos secundarios
dependerán del tipo de medicamento que se administre, de la duración
del tratamiento y del estado general del paciente. Estos efectos son
limitados y temporales. Existen medicamentos que atenúan los efectos
secundarios de la quimioterapia, como podrían ser los antieméticos
que disminuyen o hacen desaparecer la sensación de náuseas.
Junto a la quimioterapia, se administran esos medicamentos para disminuir
o anular, en la medida de lo posible, muchos de estos efectos secundarios.
*
GRÁFICO INTERACTIVO: Cómo funciona la quimioterapia
El trasplante de médula ósea se
realiza cuando se ha producido un daño en la médula ósea
que le impida realizar las funciones que, antes de la quimioterapia, estaba realizando.
Estas funciones consisten en la formación de las células sanguíneas,
papel fundamental para la vida humana. La quimioterapia se administra
para destruir las células cancerosas pero, al mismo tiempo, puede dañar
la médula ósea y otros órganos. Por esto generalmente no
se suelen utilizar dosis muy elevadas. Cuando el cáncer no desaparece
con una dosis moderada de quimioterapia y se requiere, para la curación,
administrar otra mucho mayor, junto con el empleo en ocasiones de radioterapia,
será necesario realizar un trasplante de médula ósea porque
ésta va a ser destruida por la quimioterapia. A la administración
de quimioterapia previa al trasplante, se le denomina acondicionamiento.
Con este trasplante se administra células madre que son productoras de
las células que forman la sangre.
Las células madre se
pueden conseguir directamente de la médula ósea o de la sangre periférica.
Si se extraen de la médula, habrá que realizar múltiples
aspiraciones en los huesos de la cadera (crestas iliacas) bajo anestesia general.
En la médula ósea existe una célula madre por cada
2.000 células, para conseguir un número suficiente de células
madre hay que extraer casi un litro de médula, por este motivo hay que
realizar múltiples pinchazos y el paciente tiene que estar anestesiado.
Otro método consiste en emplear citoquinas, que son una especie de
"hormonas de la médula ósea" que hacen salir las células
madre a la sangre periférica y son recogidas con unos separadores celulares
mediante un procedimiento denominado aféresis o leucoféresis, a
través de una máquina similar a la de diálisis.
Una vez extraídas, se colocan en una bolsa de transfusión para administrarlas
por vía intravenosa al paciente compatible o bien se congela a -200º C,
en el caso de trasplante autólogo. Cuando la médula se
introduce en el interior del torrente sanguíneo a través de un catéter
central, estas células madre se dirigen hacia las cavidades de los huesos
donde implantan, maduran y se multiplican. Así el paciente puede producir
de nuevo células sanguíneas sanas. En ocasiones, este
procedimiento supone la única posibilidad de curación para algunos
pacientes con leucemia u otras enfermedades como aplasia medular, mieloma múltiple,
linfoma maligno, talasemia mayor, etc. ... Existen dos tipos de trasplante
de células madre, el alogénico y el autológico.
Se habla de trasplante alogénico cuando
las células que se trasplantan, sean de médula ósea o de
sangre periférica, son de un donante, familiar o no, cuyo tipo tisular
es casi idéntico al del paciente. El
trasplante autólogo consiste en obtener médula ósea
del propio paciente, mientras la enfermedad está en remisión, para
mantenerla congelada y realizar el trasplante después de aplicarle al paciente
una dosis alta de quimioterapia. Este tipo de trasplante se realiza
cuando no existe un posible donante o se considera que el riesgo es muy elevado
con el trasplante alogénico, por el posible rechazo que pueda sufrir el
paciente. Si no tiene un hermano gemelo, las posibilidades de conseguir
un donante compatible no son superiores al 35%. El trasplante autólogo
tiene menos riesgos que el alogénico al no existir el rechazo. Sin embargo,
hay mayor índice de recidivas porque es posible que al extraer la médula
del propio paciente quede alguna célula cancerosa que produzca después
del trasplante que la enfermedad reaparezca. Una vez que se ha realizado
el trasplante, la médula tarda en reconstituirse unas 3-4 semanas. Durante
este período, denominado aplasia, el paciente no posee un número
de células sanguíneas suficiente como para mantenerse con vida.
Debido a esto, el riesgo de sufrir infecciones o hemorragias es elevado, por lo
que debe permanecer en el hospital, para recibir transfusiones, antibióticos
o tratamientos para estimular el crecimiento de los granulocitos. |